Abierto
Como una alberca natural a cielo abierto. Sol, orillas poco profundas y espacio. Ideal para familias y para quien no nada con confianza.
Los cenotes son pozos de agua dulce cristalina que la península maya tiene por miles. Son refrescantes, fotogénicos y muy distintos entre sí. Aquí te explicamos los tipos que existen, cuáles convienen según con quién viajes y cómo disfrutarlos sin dañarlos.
Un cenote es una dolina: un hueco en la roca caliza donde aflora el agua subterránea. Por eso el agua es tan clara y fresca. Algunos están totalmente abiertos como albercas naturales, otros son semiabiertos con paredes de roca, y los hay de caverna, dentro de cuevas con estalactitas.
No todos están a la misma distancia ni piden la misma condición física. Cerca de Cancún y en la ruta hacia Tulum y Valladolid encontrarás opciones para todos los niveles, desde familias con niños hasta nadadores experimentados.
Como una alberca natural a cielo abierto. Sol, orillas poco profundas y espacio. Ideal para familias y para quien no nada con confianza.
Paredes de roca y algo de sombra, con aberturas de luz. Suele ser el más fotogénico y cómodo a la vez.
Dentro de una cueva, con estalactitas y luz tenue. Impresionante, pero mejor para quien ya nada bien y no sufre de claustrofobia.
Muchas zonas arqueológicas tienen cenotes a minutos. Cultura por la mañana, agua dulce por la tarde.
Si buscas arrecife y fauna en lugar de agua dulce, el snorkel y los parques son tu plan.
Los cenotes abiertos con orillas poco profundas sí, siempre con chaleco y supervisión. Evita los de caverna profunda con niños pequeños.
Para los abiertos y semiabiertos basta con chaleco salvavidas. Los de caverna sí requieren confianza en el agua.
No uses bronceador ni repelente convencional dentro del agua, no toques las formaciones de roca y no dejes basura. El ecosistema es frágil.
Hospedarte frente al mar en la zona hotelera te deja salir a los cenotes por la mañana y descansar en la playa al regresar.